jueves, 5 de mayo de 2011

un consejito sobre el agua con la que regamos


 Hace un tiempo publicábamos una serie de recomendaciones sobre el riego, en  esta oportunidad quería completar esa información con una pequeña consideración sobre el agua en sí y el mejor modo de tratarla.
Como en muchos casos, por falta de espacio o tiempo, a muchos nos es imposible juntar agua de lluvia para regar, como es mi caso, lo que solemos hacer es utilizar  directamente el agua de la canilla.
Pero lo que debemos por lo menos saber es que esta contiene una alta cantidad de cloro (y sodio) que suele afectar a las plantas.
Entonces, lo que debemos hacer es dejarla reposando en un recipiente durante varias horas (algunos recomiendan un día), lo que permite que se evapore el cloro y se asienten otros elementos “no deseados”.  Además, permite nivelar la temperatura del agua, que también afecta a las plantas.
Es cierto que es difícil que todo el tiempo preparemos agua para luego regar, yo por ejemplo sólo me acuerdo un tiempito antes de regar, por lo que mucho no sé soluciona. Lo que a veces hago, en verano, por ejemplo, que debemos regar más seguido, es tener un balde cargado e ir regando de manera escalonada.
Ahora, sabemos que si hay una jarra con agua que quedó todo el día fuera de la heladera puede usarse para regar y será mejor que la de la canilla.
            Por otro lado, el sitio consumer.es recomienda agregar unas gotas de vinagre para minimizar el efecto de otros agentes perjudiciales para las plantas.
            Son todas recomendaciones para tener en cuenta. Lo importante es que sepamos que el agua de la canilla no es la ideal para regar y que hay algunos recursos para hacerla apta para esto.

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